Detector de presencia o de movimiento: por qué se te apaga la luz
Estás sentado en el despacho, tecleando, y la luz se apaga. Te mueves, vuelve. A los cinco minutos, otra vez. Ese es el síntoma clásico de haber puesto un detector de movimiento donde hacía falta un detector de presencia, y explica por qué mucha gente acaba desmontando el sensor y volviendo al interruptor de toda la vida.
La diferencia entre los dos no es de marca ni de calidad: es de física. Uno detecta desplazamiento; el otro detecta que hay un cuerpo ahí, aunque esté quieto. Y de esa diferencia salen el precio, los falsos positivos y el sitio donde debe ir cada uno.
| Criterio | Detector de movimiento (PIR) | Detector de presencia (alta frecuencia o mmWave) |
|---|---|---|
| Qué detecta | Cambios de calor al cruzar zonas de su lente | Reflexión de ondas de radio; capta micromovimientos |
| Persona quieta | La pierde en segundos | La mantiene detectada |
| Consumo y alimentación | Muy bajo; hay modelos a pila | Requiere alimentación permanente |
| Falsos positivos | Corrientes de aire caliente, mascotas, sol directo | Ventiladores, cortinas, personas al otro lado de un tabique fino |
| Precio orientativo | Unos 10-25 € | Unos 25-60 € |
Cómo detecta cada uno
El PIR —infrarrojo pasivo— no emite nada. Lleva un sensor piroeléctrico detrás de una lente de Fresnel que divide su campo de visión en decenas de sectores. Cuando un cuerpo caliente pasa de un sector al siguiente, el sensor registra un cambio brusco de radiación infrarroja y dispara. La palabra clave es pasa: si el cuerpo se queda dentro del mismo sector, el sensor no ve ningún cambio y, pasado el tiempo programado, apaga.
Eso tiene una consecuencia poco intuitiva: el PIR detecta muchísimo mejor el movimiento transversal —alguien que cruza por delante— que el frontal —alguien que camina directamente hacia él—. Por eso un detector colocado al final de un pasillo, mirando en la dirección de la marcha, funciona peor que el mismo detector colocado en el lateral.
El detector de presencia por radio hace lo contrario: emite. Un detector de alta frecuencia clásico trabaja en torno a los 5,8 GHz y los mmWave modernos en bandas de 24 o 60 GHz. Emiten una señal, escuchan el eco y comparan. Al analizar el desfase de la señal reflejada, detectan desplazamientos de milímetros: el movimiento del pecho al respirar, la mano al mover el ratón, un cambio de postura en el sofá. De ahí que mantengan la luz encendida con una persona completamente inmóvil.
Micromovimientos: lo que cambia el uso diario
Este es el argumento decisivo. Todas las situaciones en las que un detector clásico falla se pueden resumir en «alguien está quieto»: leer en el sofá, trabajar en el ordenador, estar en la bañera, ver una película, dormir, estar sentado en una reunión. En todas ellas el PIR pierde la detección y apaga.
Puedes maquillarlo subiendo el tiempo de retardo a diez o quince minutos, y funciona a medias, pero entonces la luz queda encendida un cuarto de hora después de que te vayas, que es justo lo contrario de lo que buscabas. La ampliación de tiempo es un parche, no una solución. Si el uso de la estancia implica estar quieto, el detector de presencia es la respuesta y no hay atajo.
Al revés también hay diferencias: el PIR reacciona antes. Un sensor de radio necesita un instante para procesar la señal, y aunque hablamos de fracciones de segundo, en un pasillo donde entras andando rápido esa demora se percibe. Los mejores detectores de presencia del mercado combinan las dos tecnologías precisamente por esto: el PIR dispara el encendido inmediato y el radar mantiene la detección.
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El PIR se dispara con cualquier cosa que genere un cambio térmico en su campo: una corriente de aire caliente de un radiador o de la salida del aire acondicionado, el sol entrando por una ventana y moviéndose sobre el suelo, una mascota que cruza, una cortina que se mueve delante de una fuente de calor. En verano, además, pierde sensibilidad: cuando la temperatura ambiente se acerca a la corporal, el contraste térmico se reduce y el alcance efectivo cae. Es un problema real en garajes y trasteros a mediodía en agosto.
El de radio tiene otros vicios, y algunos molestan más. Al ser una onda de radio, atraviesa materiales ligeros: pladur, puertas de madera, cristal. Un sensor mal ajustado en un baño puede estar detectando a quien pasa por el pasillo, o incluso al vecino. También reacciona a objetos en movimiento sin calor: un ventilador de techo, una planta junto a una ventana abierta, una persiana que vibra. La contrapartida es que los modelos mmWave decentes permiten definir zonas de detección y distancias máximas, y con veinte minutos de ajuste el problema se resuelve. Los PIR no admiten ese nivel de afinado.
Si quieres profundizar en el comportamiento de cada tecnología de radio, lo desarrollamos en la comparativa entre detector PIR y de microondas.
Precio, alimentación e instalación
Un detector PIR de calidad razonable, con relé integrado para conmutar directamente los 230 V de la luminaria, se mueve en la franja de los 10-25 €. Hay modelos de empotrar, de superficie, de techo con 360° y de pared con 180°, y hay versiones a pila para domótica. Es material barato, extendido y fácil de sustituir.
Un detector de presencia se sitúa en la franja de los 25-60 € y sube desde ahí en los modelos con zonas configurables. Además necesita alimentación permanente: emite continuamente, así que no existe la versión de pila que dure un año. Eso condiciona la instalación, porque hay que llevar corriente al punto o alimentarlo por USB, cosa que en un techo no siempre es cómoda.
Un detalle habitual que despista: muchos sensores de presencia orientados a domótica no llevan relé, solo informan del estado a tu sistema. Sirven para automatizar, no para conmutar la luz por sí mismos. Si buscas sustituir directamente un interruptor, comprueba que el modelo tenga salida de potencia o combínalo con un interruptor con sensor de movimiento.
Elige detector de movimiento si…
- La estancia es de paso
Nadie se queda quieto más de unos segundos, así que el PIR nunca pierde la detección.
- Quieres el coste más bajo
Por lo que cuesta un solo detector de presencia montas dos o tres puntos con PIR.
- No puedes llevar alimentación permanente
Hay modelos PIR a pila para domótica; en presencia por radar, prácticamente no existen.
Elige detector de presencia si…
- La gente se sienta y se queda quieta
Despacho, salón, baño o sala de reuniones. Es el único sensor que aguanta un cuerpo inmóvil.
- Te molesta el retardo largo
Con presencia, el tiempo de apagado puede bajar a un minuto sin que nadie se quede a oscuras.
- Quieres afinar la zona de detección
Los modelos mmWave permiten limitar distancia y ángulo, algo imposible con una lente de Fresnel.
Dónde va cada uno, estancia por estancia
- Pasillo, escalera, distribuidor
PIR sin dudarlo. Movimiento transversal, paso rápido y nadie se queda quieto. Es el escenario ideal para esta tecnología y el más barato de resolver. Ver detectores para escaleras y pasillos.
- Garaje, trastero, cuarto de instalaciones
PIR. Entras, coges algo, sales. Sube el retardo a tres o cinco minutos y listo.
- Despacho y sala de estudio
Presencia. Es el caso de manual: persona sentada, quieta y con la vista fija en una pantalla.
- Baño y aseo
Presencia, aunque hay que ajustar zonas para no captar el pasillo. Con PIR, la ducha y la bañera son un apagón asegurado.
- Salón
Presencia si lo que quieres es que la luz acompañe. Con PIR, ver una película termina siempre igual.
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No hay una tecnología mejor: hay una pregunta que resuelve la elección en cinco segundos. ¿La gente va a estar quieta en esa habitación? Si la respuesta es sí, detector de presencia. Si la respuesta es no, detector de movimiento y te ahorras dinero, cableado y ajustes.
En una vivienda completa, la instalación que mejor funciona es mixta y económicamente sensata: PIR barato en los cinco o seis puntos de paso, que son la mayoría, y dos o tres detectores de presencia en las estancias donde se está. Gastar sesenta euros en un sensor de radar para el pasillo del trastero es tirar dinero, y poner un PIR de doce euros en el despacho es garantizarte una discusión con la luz cada diez minutos.
Y sea cual sea el que elijas, dedica un rato a ajustarlo. Los tres potenciómetros de tiempo, luminosidad y sensibilidad son la diferencia entre un detector que nadie nota y uno que todo el mundo quiere desmontar: tienes el procedimiento en la guía de cómo ajustar un detector.