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Interruptor magnetotérmico: qué es y cómo elegirlo bien

Dentro de esa caja blanca de cinco centímetros de ancho conviven dos aparatos distintos que vigilan cosas diferentes. Uno es lento y mide calor; el otro es instantáneo y mide fuerza magnética. Por eso el nombre es compuesto: magneto-térmico. Entender qué hace cada mitad es lo que te permite decidir si un disparo es un aviso que debes atender o un fallo que hay que buscar con el polímetro.

En el argot de instalación española también lo oirás como PIA, pequeño interruptor automático, o simplemente «automático». Son el mismo aparato: la denominación PIA viene de la normativa antigua y sigue viva en las conversaciones de obra, aunque el término normalizado hoy sea interruptor automático magnetotérmico. Si vienes buscando la nomenclatura, lo aclaramos en la ficha del PIA y su origen.

El mecanismo térmico: la lámina bimetálica

La parte térmica es una lámina formada por dos metales con coeficientes de dilatación distintos soldados uno contra otro. La corriente del circuito la atraviesa y la calienta. Como un metal se estira más que el otro, la lámina se curva, y cuando la curvatura alcanza cierto punto empuja el gatillo que suelta el mecanismo de corte.

Ese proceso es deliberadamente lento porque su misión es detectar sobrecargas, no cortocircuitos. Una sobrecarga es una corriente algo superior a la nominal mantenida en el tiempo: tres radiadores en el mismo circuito de tomas, o un alargador con media cocina colgando. La norma UNE-EN 60898-1 fija el comportamiento con dos corrientes convencionales: a 1,13 veces la intensidad nominal el aparato debe aguantar una hora sin disparar, y a 1,45 veces debe disparar antes de que pase esa hora. Traducido a un automático de 16 A: con 18 A puede estar una hora sin inmutarse, y con 23 A saltará dentro de la hora, probablemente en bastante menos.

Esa tolerancia tan ancha no es un defecto: es la que hace que el cable no se queme. Un conductor de 2,5 mm² soporta una sobrecarga moderada durante minutos sin degradar el aislamiento; lo que lo destruye es mantenerla durante horas. El bimetálico está calibrado para cortar antes de que el PVC empiece a sufrir.

Consecuencia práctica: el disparo térmico depende de la temperatura ambiente. Los automáticos se calibran a 30 °C de referencia. Un cuadro cerrado, orientado al sur y con doce polos apretados en verano trabaja a 45-50 °C, y ahí el mismo aparato dispara antes. Es la explicación habitual de los saltos que solo ocurren en agosto.

El mecanismo magnético: la bobina

La segunda mitad es un solenoide en serie con el circuito. Con corrientes normales el campo que genera es insuficiente para mover nada. Cuando aparece un cortocircuito —fase contra neutro, un cable pinzado, una regleta con agua— la intensidad se dispara a cientos de amperios en milisegundos y el campo magnético arrastra un núcleo móvil que percute el mecanismo. El corte ocurre en unos pocos milisegundos, sin esperar a que nada se caliente.

El umbral de ese disparo instantáneo no es fijo: viene definido por la curva, expresada en múltiplos de la intensidad nominal. La curva B actúa entre 3 y 5 veces In, la C entre 5 y 10 y la D entre 10 y 20. Un magnetotérmico de 16 A curva C corta magnéticamente en algún punto entre 80 y 160 A. Por debajo de eso, quien decide es el bimetálico. Cuándo conviene cada una está desarrollado en la guía de curvas B, C y D.

In, Icn e Icu: tres números que no significan lo mismo

El frontal del aparato lleva varias cifras y se confunden con facilidad:

En una vivienda alimentada por la red pública, la corriente de cortocircuito prevista en el cuadro suele quedar por debajo de 4,5-6 kA, que es justo el escalón que ofrecen las gamas domésticas. Los 10 kA son para cuadros muy próximos al centro de transformación o para cabecera de local. El criterio completo está en la guía del poder de corte en kA.

Módulos, carril y peine: la parte mecánica

Todo el material de cuadro se mide en módulos DIN de 17,5 mm de ancho. Un magnetotérmico unipolar ocupa un módulo; el clásico 1P+N ocupa dos; un bipolar de corte plenamente omnipolar, también dos; un tetrapolar, cuatro. Existen los llamados DPN o «estrechos», que meten fase y neutro protegidos en un solo módulo y son la salvación cuando el cuadro está lleno.

Todos se fijan sobre un carril DIN simétrico de 35 mm (norma EN 60715), que es universal entre marcas: cualquier automático encaja en cualquier carril. La profundidad estándar de los aparatos ronda los 68-70 mm, medida que importa cuando eliges caja empotrada y quieres que la tapa cierre sin forzar los cables.

La alimentación de los polos se hace con peine de conexión: una pletina de cobre aislada, normalmente de 12, 24 o 56 dientes, que se corta a medida y reparte la fase (o fase y neutro, en los peines bipolares) a toda la fila desde un único punto de entrada. Ahorra decenas de puentes de cable y, sobre todo, elimina puntos de apriete, que es donde se generan los calentamientos. El peine sí es específico de cada marca y formato: no mezcles fabricantes en la misma fila si quieres usarlo.

Magnetotérmicos de vivienda en formato 1P+N y bipolar, curva C y 6 kA, que es la combinación que cubre el 90 % de los circuitos domésticos.

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Cómo se elige la intensidad (y el error clásico)

La regla es corta: el magnetotérmico protege el cable. Su intensidad nominal debe ser igual o inferior a la corriente que admite el conductor instalado, y a la vez suficiente para la carga prevista. De ahí salen las parejas fijas del REBT en la ITC-BT-25: 10 A con 1,5 mm² para alumbrado, 16 A con 2,5 mm² para tomas de uso general, 20 A con 4 mm² para lavadora y termo, 25 A con 6 mm² para calefacción o aire acondicionado, 32 A con 6 mm² para cocina y horno.

El error que se repite en todos los cuadros mal tocados es subir la intensidad porque el circuito «salta mucho». Si un 16 A dispara cada vez que enciendes el horno y la vitrocerámica a la vez, poner un 25 A no arregla nada: hace que el cable de 2,5 mm² trabaje muy por encima de lo que aguanta, sin nadie que lo vigile. El aislamiento se degrada despacio y en silencio, y el fallo llega años después en forma de derivación o de incendio en una caja de derivación. Lo correcto es repartir la carga entre circuitos o tirar uno nuevo con la sección adecuada.

Qué modelo montar en la práctica

Para un cuadro completo de vivienda, gamas como Acti9 de Schneider, S200 de ABB o las series profesionales de Hager dan mecanismo firme, indicación de corte fiable y compatibilidad total con sus peines y bloques diferenciales. Cuestan entre 15 y 30 € por polo. Para circuitos secundarios, garajes o sustituciones sueltas, un NB1-63 de Chint o equivalente con 6 kA certificados cumple por 5-9 €. La comparación completa está en nuestra selección de magnetotérmicos.

Peines de conexión y accesorios de cuadro: pletinas de 12 y 24 módulos, tapabornes y separadores. Comprueba que el peine sea de la misma marca que tus automáticos.

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Preguntas frecuentes

¿El magnetotérmico protege a las personas de una descarga?

No. Corta por sobrecarga y por cortocircuito, que son fallos entre conductores activos. Una persona que toca la fase deriva a tierra una corriente de decenas de miliamperios, ridícula para el automático y mortal para el cuerpo. De eso se ocupa el diferencial de 30 mA. Los dos aparatos son complementarios y ninguno sustituye al otro.

¿Por qué mi automático salta al arrancar el aire acondicionado y no con la plancha?

Porque el compresor tiene una corriente de arranque que puede multiplicar por cinco u ocho la nominal durante fracciones de segundo. Si la curva es B, ese pico puede alcanzar el umbral magnético. Con curva C el margen es mayor. La plancha es una carga resistiva pura y no genera picos.

¿Cuántos módulos ocupa el cuadro de una vivienda normal?

Una electrificación básica con cinco circuitos y un diferencial suele resolverse en 12-14 módulos; una elevada con ocho o nueve circuitos, dos diferenciales y protección contra sobretensiones se va a 24-36. Conviene dejar siempre un 20 % de carril libre para ampliaciones.

¿Se puede rearmar un automático solo desde el móvil?

Existen los magnetotérmicos con rearme automático, pensados para instalaciones desatendidas como bombas o antenas. En vivienda habitada tienen poco sentido: si un automático salta, quieres saber por qué antes de volver a dar tensión.

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