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Magnetotérmico de 32 A: el automático que pide la inducción

La escena se repite en todas las reformas de cocina: llega la placa de inducción nueva, el instalador mira el cuadro, ve un 25 A en el circuito C3 y dice que hay que subirlo a 32 A. El cliente, que ha leído que subir automáticos es peligroso, desconfía. Y tiene razón en desconfiar, porque subir la protección es peligroso casi siempre. Este es de los pocos casos en los que no lo es, y merece la pena entender exactamente por qué.

El cálculo, con números reales

Una placa de inducción doméstica de cuatro zonas declara habitualmente entre 7.200 y 7.400 W de potencia máxima. La conversión a corriente es directa:

7.400 W ÷ 230 V = 32,2 A

Ese número solo aparece si las cuatro zonas trabajan al máximo simultáneamente, algo que en la práctica ocurre poco: cocinando de verdad, con dos fuegos activos y uno a fuego lento, el consumo real se mueve entre 2.000 y 4.000 W. Pero el circuito hay que dimensionarlo para el escenario que el aparato permite, no para el habitual, porque nada impide que alguien ponga las cuatro zonas con función booster una noche de Nochebuena.

Añade el horno. Un horno pirolítico consume entre 2.500 y 3.500 W durante el ciclo de limpieza, y en el circuito C3 el reglamento contempla precisamente cocina y horno, con un máximo de dos tomas. Sumando placa al máximo y horno en pirólisis te vas por encima de 10 kW, cifra que ni el circuito ni tu potencia contratada admiten. Por eso el REBT aplica al C3 coeficientes de simultaneidad y utilización (0,5 y 0,75 sobre los 5.400 W previstos), que dejan la potencia de cálculo del circuito en torno a 2.000 W. La estadística ordena el diseño; el automático se encarga del caso extremo.

Por qué el REBT dice 25 A y la realidad pide 32

La tabla de la ITC-BT-25 asigna al C3 una sección de 6 mm² y una protección de 25 A. Ese emparejamiento se estableció con la cocina eléctrica clásica en mente: vitrocerámica radiante y horno convencional, con potencias inferiores y sobre todo con inercia térmica, que reparte el consumo. La inducción cambió el reparto: calienta muy rápido y a plena potencia desde el primer segundo.

La pregunta correcta no es «¿puedo subir el automático?» sino «¿hasta dónde llega el cable?». Un conductor de cobre de 6 mm² con aislamiento de PVC o libre de halógenos, empotrado bajo tubo con dos conductores cargados, admite del orden de 32 A permanentes según las tablas de intensidades admisibles de la ITC-BT-19. Es decir: el 6 mm² llega justo a 32 A. Poner un automático de 32 A sobre ese cable es legítimo porque la protección sigue por debajo del límite del conductor. Poner uno de 40 A no lo sería: harían falta 10 mm², que es lo que se usa en los circuitos de 40 A.

Esa es la única lectura válida de la regla de oro. El magnetotérmico protege el cable, y por eso puedes moverte dentro del margen que el cable te da, nunca fuera de él. La sección manda; el automático obedece. Todo el criterio está resumido en la tabla de secciones por circuito.

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Lo que hay que comprobar antes de subir de 25 a 32 A

Curva y comportamiento del circuito

La inducción es una carga electrónica: rectifica la red y alimenta unos inversores que excitan las bobinas a alta frecuencia. En el arranque, los condensadores del bus de continua se cargan de golpe y generan un pico de corriente breve pero apreciable, sobre todo si enciendes varias zonas a la vez. Con curva C, cuyo disparo magnético está entre 5 y 10 veces la nominal —entre 160 y 320 A en un 32 A—, ese transitorio pasa desapercibido. Con curva B tendrías disparos difíciles de explicar. Los umbrales de cada curva y sus casos de uso están en la guía de curvas B, C y D.

Un detalle de montaje que se pasa por alto: el automático de 32 A trabaja cerca de su límite durante ratos largos y genera calor dentro del cuadro. Si el cuadro está en un armario cerrado, en el interior de un mueble o pegado al techo, esos grados de más adelantan el disparo del bimetálico —los aparatos se calibran a 30 °C— y aparecen saltos que solo ocurren en verano o después de una hora cocinando.

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Otros sitios donde aparece el 32 A

Además de la cocina, el 32 A es la protección típica de un punto de recarga de vehículo eléctrico de 7,4 kW cuando la línea es corta y se ha tirado con 6 mm², y aparece también como cabecera de subcuadros pequeños —un taller, un garaje, una caseta de jardín— alimentados desde el cuadro principal. En ambos casos vale la misma comprobación: mide la sección y la longitud antes de decidir. Con tiradas largas, la caída de tensión obliga a subir sección aunque la intensidad no lo pida.

Preguntas frecuentes

¿Es ilegal poner 32 A donde el REBT dice 25 A?

La tabla de la ITC-BT-25 fija valores mínimos de sección y unos automáticos de referencia. El criterio general del reglamento es que la protección no supere la intensidad admisible del conductor, y 32 A sobre 6 mm² lo cumple. En una reforma que se legaliza, quien firma el boletín es el instalador autorizado y él justifica el cálculo; en cualquier caso, es una práctica habitual y defendible, no un apaño.

Mi placa de inducción salta el automático de 25 A. ¿Puedo cambiarlo yo?

Cambiar un automático exige cortar el interruptor general, verificar ausencia de tensión y, sobre todo, haber confirmado la sección del cable. Y aunque técnicamente sea sencillo, en España cualquier modificación de la instalación fija corresponde a un instalador autorizado. Si la sección no da, el cambio es directamente peligroso.

¿Necesito 32 A si mi placa es de dos zonas o de gas con horno eléctrico?

No. Una placa modular de dos zonas ronda los 3,5 kW y un horno solo, los 2,5-3,5 kW. Con 25 A y 6 mm² vas sobrado; es el escenario para el que se pensó el automático de 25 A.

¿Qué pasa si el cable es de 6 mm² pero la tirada es de 30 metros?

Entra en juego la caída de tensión. Con 32 A y 30 m, la caída en 6 mm² se acerca al límite del 5 % admitido en circuitos de fuerza. En viviendas grandes o con el cuadro muy alejado de la cocina, se sube a 10 mm² aunque la intensidad no lo exija.

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